
JESUITAS PARA NUESTRO TIEMPO
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VENERABLE PADRE FRANCISCO DEL CASTILLO
El recuerdo de la santidad del Padre Francisco del Castillo, jesuita limeño nacido (1615) y muerto (1672) en Lima, no se ha extinguido con el paso de los siglos. Sigue suscitando devoción entre los fieles de su ciudad natal, que acuden de preferencia hasta San Pedro -donde se encuentran su sepulcro y su célebre Cruz de Baratillo- para pedir y reconocerle favores. Aunque el Padre Francisco del Castillo vivió en una época muy distinta de la nuestra, su fuerza apostólica se mantiene actuante en nuestros días. En dos ocasiones lo ha subrayado el Papa Juan Pablo ll durante sus visitas al Perú. Fue en la homilía de la misa de ordenación -el 3 de febrero de 1985- cuando evocó la "ejemplar figura sacerdotal" del Apóstol de Lima. Tres años más tarde, en el Mensaje a los sacerdotes y seminaristas, leído en la Catedral de Lima el 14 de mayo de 1988, puso nuevamente el Pontífice al Padre del Castillo como "ejemplo de amor a los pobres desde el Evangelio".
La "Cruz del Baratillo", utilizada por
el P. del Castillo en sus predicaciones.
P. ANTONIO RUIZ DE MONTOYA
Aunque no sea lo suficientemente conocido en nuestro país, Antonio Ruiz de Montoya es un personaje de nuestra historia que bien valdría la pena venerar como verdadero apóstol y ejemplo de vida entregada a los demás. Nacido en Lima en 1585 y tempranamente huérfano, luego de estudiar en el antiguo Colegio Máximo de San Pablo llevó una vida turbulenta en su juventud, para luego de una profunda conversión, ingresar a la Compañia de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1611 y luego enviado a la naciente provincia jesuítica del Paraguay, cuyo primer provincial era Diego de Torres, uno de los constructores de nuestro templo de San Pedro. Ruiz de Montoya desempeñó su apostolado entre los guaraníes de los ahora territorios de Paraguay, Brasil y Argentina, llegando a ser superior de todas las llamadas Reducciones del Paraguay entre 1636 y 1637. Llevó a cabo una tarea múltiple, en la que se destaca la fundación de numerosas reducciones, la transmigración de estas misiones cuando son amenazadas por esclavistas y los bandeirantes paulistas, y el enfrentamiento con los encomenderos hostiles a la labor de los jesuitas. Durante su activa vida misionera conoció y habló fluidamente el idioma de los guaraníes, del que redactó varias obras: el Tesoro de la Lengua Guaraní; el Arte y Vocabulario, y un Catecismo, todos en la misma lengua. Como parte de su labor como superior escribió cartas e informes, y más tarde, su alegato ante el Rey de España en favor de los guaraníes, La conquista Espiritual de Paraguay. Esta obra, redactada en ocasión de su viaje a España, demanda en favor de las misiones la ayuda del Rey para contener los abusos y castigar a quienes de ese modo destruían la obra realizada entre los indígenas. En sus páginas se percibe la fuerza de la vocación apostólica, la capacidad de observación y el afecto por los guaraníes de este gran misionero limeño, cuya vida bien merece ser más difundida y reflexionada.
La Reducción de San Miguel, hoy en territorio
brasilero, SANTOS, BEATOS Y JESUITAS EJEMPLARES
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